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miércoles, 22 de enero de 2014

Reseñando Memorias de una vaca de Bernardo Atxaga



ATXAGA, Bernardo: Memorias de una vaca, Madrid, SM.




Memorias de una vaca es una obra de Bernardo Atxaga (1951), pseudónimo de Joseba Irazu Garmendia. Este escritor vasco es Licenciado en Ciencias Económicas, pero, a comienzos de la década de los años 80, decidió dedicarse exclusivamente a la literatura. Sus obras abarcan diferentes géneros (cuentos, novela, poesía y ensayo) y son escritas y publicas en vasco, aunque él mismo las traduce también al castellano.


El libro fue publicado en 1992 por El Barco de Vapor, una editorial propia de ediciones SM. Según dice la web de la editorial SM, Memorias de una vaca fue especialmente escrita para jóvenes entre 10 y 14 años. Pienso que si simplemente trabajáramos este libro como una lectura literal, sin señalar el trasfondo político-histórico-social que contiene, evidentemente podríamos utilizarlo con niños de 10 años. Sin embargo, creo que sería más provechoso trabajar la posguerra española, por lo que emplearía este libro a partir de segundo ciclo de secundaria.



Memorias de una vaca es la biografía de Mo, una vaca negra de cincuenta años, que decide narrar sus memorias. A modo de diario, Mo nos contará todo el transcurso de su vida vacuna: desde su nacimiento en la casa Balanzategui; los consejos de su voz interior, un Ángel de la Guarda llamado El Pesado; su amistad con la Vache, la única vaca inteligente que conoce; hasta sus días de amistad y felicidad con Soeur Pauline Bernadette.


Desde que nació, Mo se ha reprochado el hecho de ser una vaca, porque considera que estas no son animales inteligentes como los caballos o los gatos, por ejemplo. Sin embargo, un día conoce a otra vaca, La Vache, y, a pesar de que ella también cree que “no hay cosa más tonta en este mundo que una vaca tonta”, Mo empieza a sentir que es inteligente y, además, se empeña en demostrarle a su amiga que no tiene ni un pelo de tonta y que, a diferencia de ella, está orgullosa de ser una vaca.


A medida que Mo va creciendo, va madurando también, y con sus razonamientos lógicos empieza a entender el mundo que le rodea. No solo descubre el movimiento de los rebeldes en el monte, sino que también adquiere una actitud crítica y valiente ante la vida gracias a la ayuda de su voz interior, El Pesado, que le hace reflexionar, a modo de conciencia, sobre su modo de actuar. 


En cuanto a la estructura del libro, se divide en nueve capítulos cuyos títulos resumen el contenido de los mismos. Con esta especie de resumen, los lectores adolescentes pueden acordarse mejor de lo que ocurrió en los capítulos anteriores y, a su vez, también pueden anticipar lo que sucederá en los siguientes.


Asimismo, la obra se caracteriza por un uso hábil de los procedimientos narrativos. El ritmo narrativo es muy dinámico, puesto que Bernardo Atxaga evita las largas descripciones centrándose más en describir pensamientos y acciones que deteniéndose en los parajes del País Vasco. Además, el hecho de que esté escrito en primera persona y tenga un lenguaje muy sencillo, con la inclusión de numerosos refranes y versos de poemas o canciones, creo que puede llega a gustar y enganchar a los lectores más jóvenes.


No obstante, aunque estas cualidades fomenten el interés para su lectura, considero que gran parte del atractivo de esta obra proviene de las referencias que hace el autor respecto a la Guerra Civil Española y al movimiento clandestino de los guerrilleros por los montes de Euskadi. Estas referencias de la posguerra son descritas de una manera, en cierto modo, suavizada, porque, al fin y al cabo, los destinatarios del libro son jóvenes que no creo que estén preparados psicológicamente para que les cuenten los horrores de la guerra. Pero, en cambio, sí que pueden saber que existió, no hace mucho tiempo, una guerra en España y que posiblemente sus abuelos vivieron ese aciago período histórico.
Para concluir, decir que Memorias de una vaca la podríamos utilizar como  opción para introducir unas ideas generales sobre la posguerra española en los alumnos de secundaria.

martes, 21 de enero de 2014

Crónica de la posguerra por una vaca ilustrada

A propósito de Memorias de una vaca, por Laura Díaz Ródenas 


Mo no es una vaca cualquiera. Al nacer hubiera preferido ser caballo brioso o gato persa. Hoy se reconoce como hembra Omega y reniega de sus congéneres vacunos, felices en la ignorancia de pacer y pastar. Hoy echa la vista atrás para cumplir con lo prometido a El Pesado, la voz de su conciencia, y comienza a escribir la crónica de su vida, una existencia marcada por el periodo de posguerra en el País Vasco. Esta es la premisa con la que Bernardo Atxaga (1951), el más traducido autor en lengua euskera, abandona la geografía imaginaria de su más conocida Obabakoak, para recuperar un tiempo pasado y desafiar el discurso monológico –nacionalista o nacional- en clave fantástica. Lo que preocupaba al autor era el presente, la revisión de lo que él mismo había vivido a caballo de los años sesenta y setenta. Por eso fijó unas coordenadas espacio-temporales tan precisas. Pero vayamos por partes.






Nuestra protagonista viene al mundo en 1936 en un caserío de Balanzategui que provee de suministros a quienes todavía resisten contra el general alzado desde los montes. Cuando Gafas Verdes advierte las artimañas de Genoveva y El Encorvado, liquida al empleado de la dueña y se hace con las dependencias, dejando al mando a los gemelos Dentudos. Mo y su amiga, la Vache qui rit, que repite sin cesar que "en este mundo no hay cosa más tonta que una vaca tonta" e instruye a su igual en los pormenores de la guerra civil, escapan y son vejadas en las fiestas populares de una localidad cercana, antes de lanzarse a los caminos nuevamente y huir. En adelante, las íntimas compañeras verán diezmados los campos que antaño eran su hogar y decidirán separarse. La Vache se unirá a la manada de jabalíes que continúa en pie de lucha, mientras que Mo partirá sola. Tras vagar una temporada, la protagonista se topará con Pauline Bernadette y acabará por instalarse junto a ella, que huye de un pretendiente, en un austero convento desde el que compone sus memorias.

Al compás de una prosa sencilla, aunque trufada de metáforas y refranes, Atxaga, convertido en narrador omnisciente, da la palabra a Mo, que rumia sus pensamientos y desplaza “a salto de mata” el foco de interés del relato de las descripciones al diálogo con El Pesado, lo que, en verdad, no es más que un soliloquio disfrazado consigo misma. El perfil reflexivo de la res le permite filosofar sobre la actividad que la rodea, dejando entrever una variopinta y creíble galería de personajes con distintas virtudes y actitudes ante la vida y la contienda. Los aforismos y dichos populares con los que Mo tiende a resolver las conversaciones con su conciencia nos remiten a Sancho Panza, el más digno hijo del pueblo, quizás.

Pensar el pasado y digerir el dolor derivado del conflicto es la mejor terapia para cicatrizar heridas. A través de un ejercicio de memoria histórica, Atxaga se acerca a una época de agitación que todavía en nuestros días genera controversia y, al hacerlo a través de la mirada de una vaca, su intento resulta más amable de lo que a priori pudiera antojarse. La lectura a partir de 12 años acerca el valor de la memoria a los chavales y la necesidad de escribir la historia de uno mismo, más que la historia en mayúsculas, para (re)conocerse. Tanto los saltos temporales como la profusión de léxico francés pueden complicar la tarea; sin embargo, los momentos de comicidad y lecciones más obvias, como la aceptarse a uno mismo, relajan la ampulosidad de la novela.

La capacidad de raciocinio de Mo, empeñada en demostrar y demostrarse que no tiene ni un pelo de tonta, constituye una forma llana de acercar la historia reciente de España a nuestras aulas. Al abrir Memorias de una vaca, el lector se encontrará con retazos de los más de cincuenta años que van de finales de la década de los años treinta hasta principios de los noventa, en una novela cargada de un simbolismo al alcance de los adolescentes. A saber: intuitivamente, por ejemplo, los lobos representan lo que nos aterra y nos gustaría borrar del mapa, que, en el caso que nos ocupa, nos traslada a los montes vascos.

Lo que más sorprende es el realismo cronotópico con el que el literato ubica la acción. El paisaje verde y las gentes hechas así mismas de la tierra del que fuera bautizado como José Irazu Garmendia –Bernardo Atxaga es el seudónimo por el que lo conocemos– marcan su literatura. De hecho, el autor rescata figuras notables de las efemérides que nos permiten continuar trabajando contenidos transversales y ahondar en el anecdotario de la Resistencia. Entre los más obvios, el apellido vasco Usandizaga por el que responde El Encorvado, que concuerda con el del conocido compositor de ópera del título Mendi Mendiyan (1911), que se traduce por “En pleno monte” y enlaza con la rúbrica que usaban en ocasiones los maquis para firmar sus documentos: "los del monte". El guiño al maqui cántabro Juanín funciona en la misma línea. Y lo mismo pasa con el sacerdote Père Larzabal, cuyo nombre hace referencia al dramaturgo vasco-galo que colaboró con los franceses durante la Segunda Guerra Mundial para unirse en los 60 y los 70 a la partida que se estableció en el País Vasco francés para dar cobijo a exiliados políticos vascos. Por supuesto, nada de esto llegará por sí solo al alumno y tampoco es necesario que así sea. Podemos capear los niveles de interpretación y valoración a nuestra conveniencia, aunque posiblemente baste con que estas memorias auxilien a los jóvenes estudiantes en su proceso de maduración y compresión del entorno.

domingo, 19 de enero de 2014

Memorias de una vaca



El vasco Bernardo Atxaga, pseudónimo de José Irazu Garmendi, escribe la história de una vaca que vive en la época de la postguerra:
            Mo es una vaca que ya siendo mayor decide cumplir una promesa que hizo a El pesado, su consciencia, esta promesa no es otra que escribir sus memorias: Nace en 1940, en el caserío Balanzategui, ubicado en medio del paisaje verde y montañoso del País Vasco. Como hemos dicho, Mo es una vaca, pero siempre quiso ser un animal elevado, como un gato o un caballo. Por circunstancias adversas conoce a otra vaca que utiliza la cabeza para otra cosa que para comer, pronto se hace amiga de esta, llamada la vache que rit, aunque su nombre verdadero es La Cabezota, se lo cambia por aquel otro pues cree que el segundo es demasiado vulgar. Ambas vacas pensando con lógica tratan de descifrar el misterio que esconde el monte de la villa en la que viven, pues acontecen varios episodios que les hace sospechar sobre que algo está pasando allí. Poco a poco descubren los extraños sucesos que ocurren en el caserío Balanzategui se deben a que allí está escondido el almacén del ejército que aún no se ha rendido en la Guerra Civil. Por ciertas circunstancias ambas se ven obligadas a huir al bosque y finalmente se separarán, La Vache que rit se irá con los jabalís y por otro lado nuestra querida vaca huirá sola hasta llegar a un pueblo cercano que desgraciadamente en esa época está en fiestas, al tratarse de una vaquilla sufre todo tipo de vejaciones por parte de la población. Hasta que finalmente se encuentra con Pauline Bernardette que está huyendo de una proposición de matrimonio y las dos huyen juntas al convento donde la vaca se encuentra cuando decide escribir sus memorias.

El tiempo en el que la obra está escrita es un poco caótico para lectores jóvenes pues hay muchos saltos temporales y podrían perderse con facilidad lo que les obligaría a retroceder para seguir el hilo de la historia.

Otro hecho que hace menos atractiva la historia para un público demasiado joven es la trama de fondo, la guerra civil española, la historia de los makis vascos, la postguerra… para que la lectura sea fructífera y realmente lo será sería recomendable realizar alguna actividad de prelectura tratando este aspecto y contextualizar la obra correctamente. De esta forma no tendrán ningún problema a la hora de la lectura y pensarán así como Mo hace.
Es intensamente interesante que la vaca, siendo joven, se tope inesperadamente con un pueblo que celebra sus típicas fiestas, es interesante puesto que se muestra el punto de vista del animal en dicha situación, que es cuanto menos desagradable. Este hecho puede ser muy útil para el tratamiento en clase de dicho tema y quizá con suerte la concienciación de nuestros alumnos sobre el sufrimiento animal y que nunca merece la pena vejar o herir a un animal a costa del “entretenimiento”, si es que se puede entretener o disfrutar con el sufrimiento ajeno.
En cuanto a lo relativo al vocabulario es una obra con un vocabulario sencillo, claro. Se adecua la edad de Mo a su uso reiterado de refranes. Atxaga usa un estilo directo, con diálogos y pocas descripciones paisajísticas, se centra más en las descripciones razonales y pensantes de nuestra protagonista. Por otro lado tenemos a Pauline Bernardette que nos habla con sintáxis y palabras francesas.


Que Mo desee ser un caballo o un gato por considerarlos animales más elevados puede ser un aliciente que los adolescentes encuentren atractivo, pues durante la pubertad generalmente se produce un rechazo a sí mismos, pero al igual que ocurre con Mo, los adolescentes tienen que aprender, madurar, darse cuenta que hay que sentirse orgulloso de lo que uno es, finalmente Mo y en contrapunto de su amiga la vache que rit lo siente.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Acercándose a Memorias de una vaca

ACERCÁNDOSE A MEMORIAS DE UNA VACA

Gonzalo Navarro Agulló


El libro Memorias de una vaca es una traducción de la obra vasca Behi euskaldun baten memoriak del poeta, novelista, cuentista y ensayista guipuzcoano Bernardo Atxga, cuyo nombre real es José Irazu Garmendia (27 de julio de 1951 - actualidad).

Esta novela cuenta la historia de la vida de la vaca llamada Mo desde que nace en los alrededores de una granja vasca bautizada como Balanzategui hasta que escribe sus memorias en el convento de Sor Pauline Bernadette. La novela está escrita como unas memorias en las que la protagonista cuenta su vida de una forma caótica y discontinua en la que alterna escenas en los alrededores de Balanzategui, sus establos, los bosques y el convento de Sor Pauline Bernadette y los alrededores de este. 

Los personajes protagonistas de la obra Memorias de una vaca son, desde mi punto de vista personal, tres: la protagonista Mo, El Pesado y Cabezona o La vache qui rit.

https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQTAXqs69loCkdWvLjXjnSPF-Uxk3ngvOQgQpFPkvZug05CLPlSMo, como ya se ha avanzado, es la vaca negra protagonista de la historia. Ella nace en los bosques de Balanzategui pensando que era un animal más elevado en el rango social como un caballo o un gato y desde ese primer momento siempre mantiene a esas dos especies en alta estima llegando a, en ocasiones, desear haber nacido gato o caballo. A mi entender, esta idealización de lo que otros son y el deseo de ser como ellos es un sentimiento con el que los adolescentes pueden sentirse identificados debido al sentimiento de rechazo hacia lo que uno es durante la adolescencia.

El personaje de El Pesado es la propia conciencia de la  vaca Mo y por ello siempre actúa de guía con ella en todas las situaciones donde ella puede necesitarlo. En la novela, este personaje es confundido como el Ángel de la Guarda por algunas vacas mientras que por otras es denominado como ‘mi voz’, según la consideración del mundo que tenga cada uno. Desde mi punto de vista, creo que este personaje es de vital importancia para el desarrollo de la historia y, si lo extrapolamos a un plano didáctico, es necesario hacer hincapié a nuestros estudiantes en la comprensión de este personaje debido a que El Pesado es una ejemplificación bastante lograda de la importancia que hay en escucharse a uno mismo y no dejarse manipular ni conducir por los seres que nos envuelven en nuestra vida diaria.

El último personaje que merece ser mencionado en esta reseña es la vaca Cabezona o La vache qui rit. Ella es otra vaca negra nacida en Balanzategui descontenta con su estado de ‘vacunidad’ y que envidia a los jabalíes y desea ser como ellos. Por esa razón, este personaje siempre desprestigia e insulta al resto de reses de Balanzategui valiéndose de refranes, burlas o la frase «no hay cosa más tonta que una vaca tonta». Desde el punto de vista argumental, este personaje es esencial para el desarrollo de la trama de la obra porque Cabezona es quien percata a Mo de que en Balanzategui pasa algo más extraño de lo que parece y la pone en el camino para descubrir la historia de la resistencia Maki en los montes vascos.

Para mí, esta novela de Atxaga es un texto cuyo nudo se hace bastante aburrido durante la lectura para cualquier lector joven y confuso para aquellos lectores que desconozcan la historia de la posguerra española, la resistencia maki o el exilio obligado sufrido por muchos ciudadanos—representado mediante la huida los personajes de Mo y Cabezona—. Por otra parte, sin embargo, pienso que este libro está bien escrito y utiliza una lengua sencilla y comprensible para un lector adolescente que se está iniciando en la lectura literaria ya desde una perspectiva crítica.

Por todos estos argumentos, creo que la novela Memorias de una vaca de Bernardo Atxaga es un libro del que se pueden seleccionar ciertas escenas de los diálogos de Mo y El pesado que serían muy útiles en el aula para leer, trabajar y reflexionar sobre la importancia del criterio propio a la hora de decidir. Sin embargo, esta novela no sería, desde mi punto de vista personal, un libro para proponer como lectura trimestral en un curso lengua y literatura castellana, pues creo que existen otras novelas más interesantes y capaces de enganchar a los adolescentes en el vicio de la lectura.

Imágenes extraídas de:
http://www.google.es/imgres?client=firefox-a&hs=ZFw&sa=X&rls=org.mozilla:es-ES:official&biw=1366&bih=645&tbm=isch&tbnid=IKCOcQT9o_8I0M:&imgrefurl=http://minorityreport-alderaan.blogspot.com/2013/12/memorias-de-una-vaca.html&docid=knIUoUtcUveeeM&imgurl=https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjFay7-Hg7VsRTekuSOmKdnl4bpW0_O-Yw2M_iR_gKwX0BuGVeV0A7LnzNsRTqKmBHr4P5HZ02zg_AkQ2qjW3EOs42o-e1-wbE2Zb2THXiaXsOM4c7XOQKGQkmmBaSxzBrD5Br5W3mrEPc/s1600/Atxaga%2525252C%252BBernardo%252B-%252BMemorias%252Bde%252Buna%252Bvaca%252B%252B%2525255BPortada%2525255D.jpg&w=707&h=1076&ei=7IaxUpX_Aca_0QWBpoHIAQ&zoom=1&ved=1t:3588,r:2,s:0,i:89&iact=rc&page=1&tbnh=189&tbnw=148&start=0&ndsp=21&tx=80&ty=135
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