lunes, 6 de enero de 2014

Campos de presas, Ignacio Ballester

Jordi Sierra i Fabra
Jordi Sierra i Fabra logra con la novela Campos de fresas (Ediciones SM, Alerta Roja, 22ª Edición, Madrid, 2004), una vez más, atraer al lector, enseñarle y hacerle pensar: tres de los objetivos que, en mi opinión, la Literatura Infantil y Juvenil debe reunir para ser recomendada en el aula. Aunque la entrada de mi compañero Gonzalo Navarro Agulló basta para entender Campos de fresas, comentaré mi impresión tras la lectura y porqué la recomendaría en una clase de secundaria.

24ª edición de
Campos de fresas
La historia de una niña aficionada al ajedrez se relata en breves capítulos que vienen encabezados, a modo de título, por un movimiento de la partida que las piezas blancas (Luciana, su novio, Eloy, y sus amigos Santi, Máximo, Cinta…) juegan con las negras (la muerte); de ahí que el lema que el escritor catalán les presenta a los adolescentes en este libro sea “No bailéis con la muerte”.

La droga causa el coma de la protagonista. Durante un fin de semana, tiempo que ocupa la narración, los médicos, familiares y amigos de Luciana tratan de reanimarla. Seguramente, a Sierra y Fabra, y, finalmente, también al lector, no le preocupa que la chica se salve o no; lo que realmente atrae de este libro es la angustia que causa la adolescencia en el amor: temas pilares. Los diálogos (base sobre la que se asienta esta y gran parte de la prolífica obra del autor) consiguen plasmar la realidad de forma diáfana, sin filtros; mediante las voces de los personajes, sus inquietudes, sus ideas… el lector interpreta y construye su historia. No obstante, las descripciones de espacios cercanos al adolescente (salas de fiestas, hospitales, escritorios, dormitorios…), a las puertas de la mayoría de edad, guían al lector en el desarrollo de la trama. La acción es el elemento sobre el que se basan estas frases cortas que giran en torno a la situación de Luciana. El tema, pues, es sencillo (de ahí quizá el éxito y las ediciones de Campos de fresas); sin embargo, la estructura es arriesgada, inusual en Literatura Infantil y Juvenil: cada capítulo (cada movimiento de la partida de ajedrez) lo narra un personaje distinto.

Campos de fresas
Semánticamente, el nombre de cada uno de ellos simboliza, en mi opinión, distintas ideas que definen su personalidad: Eloy, la pareja de la enferma, quizá conjunte “el hoy” (aprovechar cada momento para salvar a Luciana ‒protagonista que reúne la claridad “luz” y la raíz del cianuro que la envenena “ciana”‒); la hermana pequeña, Norma, muestra el fiel reflejo de la norma y conducta de la mayor (Luciana); los secundarios tampoco son casuales, por ejemplo, el periodista sin escrúpulos, Mariano Zapata recuerda por su apellido a Emiliano, líder de la Revolución mexicana, infatigable y persuasivo en su pataleo.


Fuera ya de estas interpretaciones, totalmente personales, cabe destacar, como conclusión, la enseñanza que Sierra i Fabra presenta en Campos de fresas: las drogas causan problemas. Si las personas a los que se enfoca tal lectura ‒presas, muchas veces de modas‒ además de aprender vocabulario, mejorar su expresión, y divertirse, se ponen en la piel de la protagonista y, por ejemplo, piensan en ella antes de rechazar una pastilla en una discoteca… serán libres en su decisión, y el objetivo de la LIJ se habrá cumplido.


Una de tantas personas presas



No hay comentarios:

Publicar un comentario