miércoles, 22 de enero de 2014

Reseñando "Platero y yo"

La obra narra la vida del burrito Platero, fiel y dulce compañero de vivencias del autor; quien desencantado de la vida, en parte como  consecuencia de los reveses que en ocasiones propina, fallecimiento en un principio de sus padres, y posteriormente de su esposa, decide aferrarse a él, por considerar que él nunca le fallará. 


De esta forma Platero se convierte en su único amigo y confidente. Y es así como poco a poco van transcurriendo, frente al Atlántico, todas y cada una de las vivencias enmarcadas tanto por la tristeza de su autor, como por alegría del pequeño Platero. Y es aquí, en un pequeño rincón apartado y próximo al mar, donde el autor decide, una vez apartado del mundo, ir contándole a su fiel compañero, a modo de confesiones, el motivo por el que se siente tan solo, y traicionado por la vida.

Platero se convierte es su único motivo para salir adelante, en su alegría y preocupación diaria... En la razón para seguir levantándose día tras día.

En palabras del autor, Juan Ramón Jiménez, nacido en 1881 y muerto en 1958, Premio Nobel de Literatura en 1956, el cual es uno de los poetas más distinguidos del siglo XX:

"Nos entendemos bien. Yo lo dejo ir a su antojo y él me lleva siempre
          adonde quiero"; "Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se
torna   fangoso y le peso un poco, me bajo para aliviarlo. Él comprende
bien que lo quiero. Es tan igual a mi, que he llegado a creer que sueña
mis propios sueños". 
 

De este modo el autor va redescubriendo pequeños placeres de la vida que para Platero aun eran totalmente desconocidos, pequeños placeres tales como el vuelo de una bandada de golondrinas, el agua fresca de un riachuelo, el canto de un grillo o el dulce sabor de los frutos en primavera.

Y fueron transcurriendo los días y con ello el paso de tiempo de forma inevitable. Tristemente, tras una tarde de paseo por el pinar, que finalizaba con graciosos rebuznos como agradecimiento a su dueño por no dejarle nunca solo, Platero enfermó. Apareció echado en su cama de paja. Su dueño llamó a su médico, pero nada podía hacerse ya por el pobre animal.

Nuevamente invade un terrible sentimiento de frustración y tristeza a su dueño, al que sólo le queda por consuelo el pensamiento de que el dulce Platero, desde dondequiera que esté, le puede ver, al igual que él, en el poniente despejado, endulzando todo el valle de las viñas, oye su tierno rebuzno lastimero.

Platero y yo es una obra magnífica. Su prosa es sencilla, fácil de leer, de ahí que sea idónea tanto para un público infantil como adulto. A pesar de la belleza de la obra, toda ella está impregnada por un gran sentimiento de tristeza y frustración...Y precisamente por la forma tan maravillosa en la que está escrita, que hace que desde el primer segundo de lectura conectes con el dulce platero, y te metas de lleno en la novela, transmite al lector esa profunda pena que a él le invade.

Es la realidad lo que se recoge en estas páginas, pero es profundamente triste que una vez que el autor intenta sobreponerse a toda tragedia que  ha sucedido en su vida y parece decidirse a dar una segunda oportunidad a la vida, retirándose frente al Atlántico a escribir y confesar a Platero sus pensamientos...Cuando nada podía ir mejor entre ambos, cuando parecía que nadie ni nada podría interponerse, cuando entre ambos componían un todo... Platero muere.


De ahí que, a pesar de ser una novela idónea para lectores infantiles, a modo personal, no es la temática que considere más oportuna, puesto que, tal y como ocurre en la novela, la vida puede dar continuos y repetidos disgustos a uno, pero siempre hay que mirar hacia delante, e intentar sobreponerse. Y esta es la idea que me gustaría  que se hubiese transmitido al lector.

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