
También, sin
saber por qué, al detenernos en la portada, uno ve algo más que un niño andando
sobre una cebolla. Ve a El principito
de Saint-Exupéry andando sobre su mundo. Pero a uno también le viene a la mente
esos versos de Miguel Hernández, esa “Nana de la cebolla” tan bien cantada por
Joan Manuel Serrat:
La
cebolla es escarcha
cerrada
y pobre.
Escarcha
de tus días
y
de mis noches.
Hambre
y cebolla,
hielo
negro y escarcha
grande
y redonda.
Y es que Libro de lágrimas es eso, una serie de
inferencias que logra que nuestro subconsciente (o tal vez nuestro
“consciente”, quién sabe) esté activo durante todas las páginas. Porque somos
capaces de reconocer todas y cada una de las lágrimas que describe Ginard,
todos esos sentimientos y emociones que desencadenan las lágrimas.
No creo, ni
mucho menos, que Pere Ginard haya querido hacer un mero inventario cerrado de
lágrimas. Más bien, se trata de una selección de lágrimas, aquellas que se lloran
en la infancia. Hace un repaso de los momentos más tristes y traumáticos de un
niño, y les proporciona con las ilustraciones una oscuridad elegante y bella
para transmitir esa sensación que todos hemos tenido alguna vez.
Así pues, Libro de lágrimas es una compilación de emociones, de sentimientos,
de vivencias, de miedos, de alegrías, de tristezas. En definitiva, de lágrimas.
Además, Ginard nos hace ver que llorar no es malo, que todos, en algún momento,
«lloramos nuestras lágrimas». Porque como nos dice: «Las lágrimas se lloran en
silencio o a gritos o por dentro, pero todo el mundo las llora a veces…».
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