martes, 21 de enero de 2014

El príncipe que todo lo aprendió en los libros, Jacinto Benavente, Fátima Casanova Torres.

El príncipe que todo lo aprendió en los libros 


Jacinto Benavente, autor de la obra teatral El príncipe que todo lo aprendió en los libros nació en Madrid en 1866. Es un dramaturgo español  cuyos comienzos en El nido ajeno (1894) permitieron vislumbrar una profunda renovación del teatro en castellano. El valor de su extenso trabajo radica en la introducción de referentes europeos y modernos en el teatro español. Benavente, quien conocía muy bien la producción escénica que se desarrollaba más allá de los Pirineos, supo incorporar con acierto influencias que resaltaron notablemente muchas de las cualidades de su teatro. En la última etapa de su vida literaria, dominada en algunos aspectos por su familiaridad con el modernismo, escribió algunas obras de teatro infantil, cuyo tono poético y fina ironía cristalizan en piezas como El príncipe que todo lo aprendió en los libros.





La obra comienza con la despedida entre el príncipe y sus padres. La reina se muestra muy triste y apenada porque su hijo va a salir al mundo real por primera vez. En su primera aventura, al joven príncipe lo acompañarán Tonino y el preceptor. Éste último, leía continuamente libros científicos y creía que éstos eran los únicos que poseían toda la verdad, por el contrario, el joven príncipe, estaba acostumbrado a leer cuentos de princesas y hadas, y al igual que el preceptor tenía la firme convicción de que la vida era idéntica a lo que leía en los libros. Cuando los tres personajes comienzan su andadura se encuentran con dos caminos, y es aquí cuando empieza el primer conflicto, pues deben tomar una decisión. El príncipe y Tonino no logran ponerse de acuerdo, así que cada uno decide tomar un camino. En ese momento aparecerá la Bella, una mujer que les ofrece comida y les da hospitalidad en su casa, Tonino que se encontraba hambriento decide ir con ella.
El príncipe se encuentra con una vieja que le ofrece su cabaña, pero él creerá que es un hada y que, o bien va a llevarlo hacia su princesa, o ella misma se convertirá en princesa. Cuando ambos se encuentran en la cabaña de la vieja, aparecen dos leñadores que amenazan con matar al príncipe, el cual decide luchar, pero la vieja logra convencerlo y ambos huyen.
Por otro lado, Tonino llega a casa de la Bella y allí se encuentra un Ogro hambriento al que solo le importaba beber y comer. El Ogro era un hombre muy egoísta y soberbio que no deja a Tonino más que comer de sus sobras. Tonino pensaba que el Ogro quería comérselo, pero no es así, cuando el Ogro se encuentra saciado comienza a ser más agradable con Tonino, le ofrece vino y ambos se emborrachan. En el mismo momento en el que el Ogro se queda dormido, aparecen en escena el príncipe y la vieja. Ambos personajes comienzan a contarse lo sucedido y empiezan de nuevo a debatir sobre qué libros son más certeros, los cuentos o los libros de ciencias. Cuando salen de casa del Ogro, la vieja les guía por el camino correcto en el que se encontrarán con tres princesas, hijas del rey Chuchurumbé. El Rey le ofrece la mano de cualquiera de sus hijas al príncipe, y éste como había leído en los cuentos que los príncipes siempre se casaban con la hija más pequeña, decide hacer lo mismo. Cuando la vieja aparece decide hacer ver al príncipe que ha tomado una mala decisión. Para demostrárselo realiza una serie de preguntas a las hermanas, así el príncipe logra comprobar que la princesa a la que ha escogido es la más egoísta, materialista y la menos noble de las hermanas. En este momento Jacinto Benavente nos da una lección de moral, pues no siempre debemos hacer caso de lo que nos dicen de los demás, debemos ser nosotros mismos quienes juzguemos al conocer a las personas.
Al final de la obra los reyes aparecen en escena de nuevo. El rey le pregunta a su hijo ¿Estás ya desengañado? ¿Aprendiste que la vida no es un cuento de hadas? Con estas preguntas el lector debe reflexionar y comprender que el Rey tiene razón, pues la vida no es fácil o bonita en algunas ocasiones.
Pero el príncipe no se queda callado ante las palabras de su padre, y es aquí cuando el autor introduce un pequeño monólogo en el que nos hace ver que sin alegría, magia e ilusión, la vida no tendría sentido.
En mi opinión padre e hijo tienen parte de razón, pues debemos saber ver la vida de una manera realista, pero también tenemos que dar un pequeño toque de ilusión a todo aquello que realizamos o que queremos conseguir.
Creo que El príncipe que todo lo aprendió en los libros es una obra muy interesante para tratarla en el aula, ya que es fácil de representar y además, inculca una serie de valores y reflexiones. 

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